Hay varios factores que influyen para que esto sea así.
- El primero tiene que ver con la "ignorancia" del propio proceso. Al no tener una referencia real, nuestra cabeza trabaja para establecer unas expectativas (tremendamente subjetivas y casi sin fundamento). Ya sabemos que nuestra valoración del proceso dependerá del nivel de cumplimiento de las expectativas. Por mucho que estemos satisfechos por nuestro rendimiento, si una visita al médico nos "actualiza" las expectativas, puede darse el caso de vernos decepcionados (o al revés, una situación negativa puede tornarse en posititiva)
- El segundo se debe a las "interferencias", considerando como tales, fenómenos que se producen o manifiestan durante el proceso de rehabilitación que siendo accesorios son capaces de modificar nuestra percepción de la evolución. Es muy normal que tras periodos de inmovilización, la masa muscular casi desaparezca lo que provoca que las primeras sesiones se nos hagan muy cuesta arriba. Esta aparente dificultad está afectada por un tema (tono muscular) que no afecta a la lesión (fractura, luxación...). Estas interferencias pueden darse a mitad del proceso en aquellos momentos cuando la recuperación varíe su intensidad o su foco/área a tratar
- El tercero se suele presentar en fases intermedias de la rehabilitación. Si la lesión suponía una limitación para el desarrollo de la vida normal de la persona, tenderemos a pensar que la recuperación de la autonomía nos acerca al final del proceso. Sin embargo, la variedad y riqueza de movimientos de nuestro cuerpo supera el repertorio habituales de necesidades cotidianas (ej, práctica deportiva).
- Por último, un cuarto motivo que explicaría la variabilidad del estado de la recuperación se refiere a la "calidad de la misma". Es posible que se haya conseguido determinado objetivo de movilidad pero puede ocurrir que la forma de conseguirlo no sea la otodoxa (ej. forzando un musculo cercano para paliar la falta de movilidad...)
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